martes, abril 25, 2006

COMO SIN QUERER

Los cuarenta no son una tragedia. Son veinte más veinte. Juventud redoblada. Quiero hacer un homenaje a mis amigos cuarentones. No pondré sus nombres. Podría hacerlo. Prefiero que pongas el tuyo. Por si, llegado a la cuarentena, te anima y te empuja a vivir.
"Como sin querer... el tiempo fue ganándote la batalla, como ganan la guerra las olas en el acantilado. Tozudamente. sin descanso, ola a ola.
Como sin querer... el tiempo limó las asperezas -pocas- de tus ímpetus juveniles, como la mar lima las aristas de las rocas.
Como sin querer... el tiempo te enseñó la paciencia, arrancada, lanzamiento a lanzamiento, del arte difícil de la pesca. También la vida requiere de paciencia. Los peces no se rinden a la primera.
Como sin querer...
Pero has llegado a los cuarenta. Aunque lo tuyo no son los "cuarenta", sino los clásicos.
Amigo, nunca fue tuya la "movida", sino el reposo. Tu paso pausado guarda el murmullo del manso romper de las olas en la playa.
Pero, a diferencia de la mar, duerme dentro de tí, bien domeñada, la fuerza de la tempestad.
Lo tuyo, amigo mío, es surcar la vida sin ruido pero con eficacia. Como los veleros, a velas desplegadas, dejando estela.
Como sin querer...pero has llegado.
Como llega el marinero a puerto tras la tempestad calmada. Como llega la frágil gamela, pero segura.
Como sin querer... mas, en la bitácora de tu vida, la rosa de los vientos guarda nuevos, desconocidos rumbos que la aguja náutica irá descubriendo. Rumbos que acarician la voluntad divina, no siempre acorde con el querer del capitán.
Amigo mío, empuña, recio, el timón. Corren malos vientos, marinero. Hay tempestad. Aguanta.
Como sin querer... a los cuarenta has llegado. La dotación veterana, y cuarentona, te da da bienvenida, te acoge a bordo y te canta: Marinero, el hermano que es ayudado por el hermano, tiene siempre propicio el viento. Mantiene, seguro, el rumbo. Arriba al puerto soñado.
Como sin querer... a los cuarenta has llegado.
¡¡¡¡FELICIDADES!!!

jueves, abril 13, 2006

¿QUIERES CAMBIAR EL MUNDO?

Quiero, amigo mío, mostrarte un camino áspero, árduo que termina en gozo y en paz.
¿Quieres cambiar el mundo? Cambia tu corazón. Es ahí donde se unen el cielo y la tierra.
Camino que no es torrente que arrastra sino remanso donde, el cielo y la tierra, se mezclan con el cauce cristalino.
El suave arrullo del agua en el remanso, es la paz que brota de un corazón en guerra consigo mismo.
Hoy es Vierenes Santo. El Amor se ha dejado clavar en la Cruz.
Te escribo palabras del Via Crucis, en el Coliseo Romano.
"Jesús crucificado,
todos nos pueden engañar,
abandonar, defraudar;
tú, en cambio, nunca nos defraudarás.
Tú has dejado que nuestras manos
te clavasen cruelmente en la cruz
para decirnos que tu amor es verdadero,
es sincero, fiel, irrevocable.
Jesús crucificado,
nuestros ojos ven tus manos clavadas
y, a pesar de ello, capaces de dar la verdadera libertad;
ven tus pies sujetos con clavos
y, sin embargo, aún capaces de caminar
y de hacer caminar.
Jesús crucificado,
ha terminado la quimera
de una felicidad sin Dios.
Y volvemos a tí,
única esperanza y única libertad.
La vida es Amor.
La cruz, entonces, no es la muerte de Dios
sino el momento en que se quiebra
la frágil capa de humanidad, que Dios ha tomado,
y comienza a desbordarse el amor (Jn 19, 30)
que renueva la humanidad"!

viernes, abril 07, 2006

EL NIÑO Y EL GAZAPO O LA LIBERTAD RECOBRADA

Extraño ser es el hombre.

Capaz de los mayores heroísmos. Sujeto, también, de las mayores vilezas. Un ser con corazón.

Y aquí está el secreto: todo depende de dónde ponga el corazón. Ya lo decía el Maestro: es del corazón de donde sale todo lo que mancha al hombre. Pero también, todo lo que lo eleva y purifica.

Es en el corazón donde se libran las decisivas batallas que configuran la historia personal de cada ser humano.

En el corazón reside la alegría del desprendimiento y anida la tristeza de guardar avaramente las cosas que no sacian y pasan.

De la voluntad depende la alegría. Y la voluntad tiene como sede el corazón. Un corazón que usa de las cosas, mas no remansa en ellas.

Porque ha nacido para ser morada del Amor. Y el Amor -con mayúscula- no permite compartir. Es celoso. Quiere una entrega total, sin condiciones.

Estar libre de ataduras terrenas es condición imperiosa para poseer el Amor. Las alas las necesita el pájaro para volar. Preciso es que estén limpias de barro. Amarras necesita el barco en puerto. Largarlas ha, si quiere navegar.

El que quiera volar en pos del Amor, libre ha de estar de ataduras.

Recuerdo algo que me contaron hace años. Viene traído aquí como anillo al dedo.

Un niño, arrodilado a los pies de su cama, cada noche rezaba a la Virgen:
"Oh, Señora mía, oh Madre mía,
yo me ofrezco del todo a Vos.
Y, en prueba de mi filial afecto,
os consagro en esta noche
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón.
En una palabra, todo mi ser.
Ya que soy todo vuestro, oh Madre de Bondad,
guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra. Amén"

Aquél niño, harto ya de juguetes sin vida -porque era chico de esos a los que sus padres no le negaban nada- un día recibió un regalo vivo: un gazapo.

Y, él con aquel animalito, estaba entusiasmado.

Y aquella noche, al rezar el "Oh, Señora mía...", al llegar a las palabras "te ofrezco mis ojos.... en una palabra, todo mi ser", añadió: "menos el gazapo".

Sintió remordimiento. La tristeza paralizó su alma. Una tristeza que se entró por las rendijas del alma y anidó muy dentro.

No quería entregar todo. Su corazón pertenecía al gazapo. Ya no era todo de la Virgen. Una pena grande inundó su alma de niño crecido.

Amigo mío, en la vida de todo ser humano hay siempre un gazapo que no queremos entregar. Y a quien nos entregamos, haciéndonos esclavos suyos.

Sólo si somos sinceros, descubriremos el gazapo. Y, entregándolo, recobraremos la paz perdida, la libertad empeñada.

Porque sigue siendo cierto que sólo la verdad nos hace libres.

Y tan sólo la libertad de sabernos siervos del Amor nos hace felices. Con una felicidad que nada ni nadie puede robarnos.