Los cuarenta no son una tragedia. Son veinte más veinte. Juventud redoblada. Quiero hacer un homenaje a mis amigos cuarentones. No pondré sus nombres. Podría hacerlo. Prefiero que pongas el tuyo. Por si, llegado a la cuarentena, te anima y te empuja a vivir.
"Como sin querer... el tiempo fue ganándote la batalla, como ganan la guerra las olas en el acantilado. Tozudamente. sin descanso, ola a ola.
Como sin querer... el tiempo limó las asperezas -pocas- de tus ímpetus juveniles, como la mar lima las aristas de las rocas.
Como sin querer... el tiempo te enseñó la paciencia, arrancada, lanzamiento a lanzamiento, del arte difícil de la pesca. También la vida requiere de paciencia. Los peces no se rinden a la primera.
Como sin querer...
Pero has llegado a los cuarenta. Aunque lo tuyo no son los "cuarenta", sino los clásicos.
Amigo, nunca fue tuya la "movida", sino el reposo. Tu paso pausado guarda el murmullo del manso romper de las olas en la playa.
Pero, a diferencia de la mar, duerme dentro de tí, bien domeñada, la fuerza de la tempestad.
Lo tuyo, amigo mío, es surcar la vida sin ruido pero con eficacia. Como los veleros, a velas desplegadas, dejando estela.
Como sin querer...pero has llegado.
Como llega el marinero a puerto tras la tempestad calmada. Como llega la frágil gamela, pero segura.
Como sin querer... mas, en la bitácora de tu vida, la rosa de los vientos guarda nuevos, desconocidos rumbos que la aguja náutica irá descubriendo. Rumbos que acarician la voluntad divina, no siempre acorde con el querer del capitán.
Amigo mío, empuña, recio, el timón. Corren malos vientos, marinero. Hay tempestad. Aguanta.
Como sin querer... a los cuarenta has llegado. La dotación veterana, y cuarentona, te da da bienvenida, te acoge a bordo y te canta: Marinero, el hermano que es ayudado por el hermano, tiene siempre propicio el viento. Mantiene, seguro, el rumbo. Arriba al puerto soñado.
Como sin querer... a los cuarenta has llegado.
¡¡¡¡FELICIDADES!!!