domingo, febrero 26, 2006

LEVANTARSE O LA HORA DEL AUTOENGAÑO

Caro amigo: permíteme que te cuente un cuento. Lo escribí hace... Así suena:
"¿Nunca has observado la sonrisa de un niño cuando pretende engañar a su padre, pero le traiciona la verdad escrita en sus ojos inocentes?
Así hemos de comportarnos muchas veces en la vida. Porque para ser santos hemos de ser pillos. Hemos de aprender a reirnos de nosotros mismos. Hemos de autoengañarnos muchas veces.
Hay una hora al día en que se agolpan todos los dolores, cansancios y fatigas. Una hora en la que la cabeza está pesada, tenemos catarro, sentimos ardor de estómago... y el frió congela nuestro despertar: la hora en que suena, implacable, el despertador.
Es cuestión de instantes: o vencemos con el realismo de Sancho -"Son molinos, mi Señor"- o nos vemos atrapados, como D. Quijote, en una lucha desigual con gigantes imaginarios.
Y terminamos derrotados. Lleno el corazón con los acíbares de batalla perdida.
Y la imaginación, alocada y abandonada a su albur, es amiga íntima de la pereza.
Y la pereza nos lleva al incumplimiento del deber de cada instante, donde el Amor nos espera. La pereza nos hace perder el tren -siempre puntual- de nuestra santidad.
Por lo que, para ser santos, hemos de aprender a engañarnos a nosotros mismos.
Y podemos hacerlo. No hay nadie que tanto nos crea una mentira como cuando nos la contamos a nosotros mismos.
Hemos de ejercitarnos en el autoengaño para progresar en la virtud y en el Amor. Y vencer el quijotismo de nuestro despertar.
Un santo de nuestros días así lo hacía: "¿Sabéis lo que hacía durante una época...en la que me encontraba fatigado, tan fatigado que apenas conciliaba el sueño? Pues, al levantarme, me decía: antes de comer, dormirás un poco. Y cuando salía a la calle, añadía contemplando el panorama de trabajo que se me echaba encima aquel día: Josemaría, te he engañado otra vez".

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuando uno esta luchando solo, no vale la pena ese autoengaño, no cree? De qué valdría? Sería como alargar más esta lucha, este sentimiento. Sería una locura!!

caminante dijo...

Carísimo anónimo, no luchas solo. Dios contempla, con ojos de Padre cariñoso,tu lucha y tu esfuerzo. El autoengaño es para aprender a reirnos de nosotros mismos. Y nos irá mejor.
Lucha que vale la pena. No te importe el tiempo que tardes en llegar. Lo que importa es que llegues y sepas que Él te espera con los brazos abiertos. No te desanimes. Que tu velero navegue a velas desplegadas. El puerto es seguro, el Timonel sabe la ruta....¡¡¡LLEGARÁS!!!!.
Un fortísimo abrazo.

Paulo J. Ribeiro dijo...

Caro Caminante,

Gracias por la visita. Se parece que usted sabía ya exactamente lo que yo necessitava de escuchar, de leer. En este post separo una frase: “No hay nadie que tanto nos crea una mentira como cuando nos la contamos a nosotros mismos.”


Una vez mas, gracias!

Eduardo Tetera dijo...
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Eduardo Tetera dijo...

Cuantas veces hemos de autoengañarnos. Y otras nos quedamos quijoteados...

caminante dijo...

Caro Paulo, si lo que escribo te sirve, demos gracias a Dios. Es Él quien pone en nuestro camino las cosas. Mi Blog, como dice el ´titulo, no pretende otra cosa que ser camino que se utiliza y se olvida. Lo importante es a dónde llegamos. Él nos espera.
Un fortísmo abrazo.

caminante dijo...

Caro Eduardo, aprender a reirnos de nosotros mismos,desdramatizar las cosas, saber que detrás de la tempestad viene la calma, que Alguien, que nos quiere, nos mira con inmensa ternura y sí que nos entiende...ese el el camino.
Un fortísimo abrazo.

Anónimo dijo...

Caminante, ciertamente detras de la tempestad siempre viene la calma..pero a veces la tempestad es tan grande que para cuando llega la calma ya todo esta destruido, ya la calma no tiene sentido. Cual es el camino?

caminante dijo...

Caro anónimo: la tempestad, muchas veces, es señal de crecimiento. Es precisa la fuerza del viento. Sólo se pierde lo que ya estaba perdido. No es tu caso. Lo sé. Tú has comprobado que, llegado a puerto, recobras la paz, te reencuentras con el Gozo.
Me preguntas cuál es el camino. Te respondo: amarra tu barco al Noray, no te sueltes. Confía, refúgiate, abandónate. Acurrúcate en el regazo de quien tú sabes, aunque te cueste. Se está tan bien allí. Oyes los latidos del corazón de quien te ama, estás arropado, caliente.El Amor termina por destruir al Enemigo. La calma de la que te hablo es la paz interior. Nada está perdido cuando llega la calma. Créeme.
Un fortísimo abrazo.

caminante dijo...

Caro anónimo, el regazo del que te hablo es el regazo de la Madre. Ella, mejor que nadie, sabe de nuestras inquietudes y de nuestros problemas. Oir sus latidos sosiega, da paz, anima, reconforta.
Déjate arropar por su Amor y llegarás al Gozo que te espera.
Un fortísimo abrazo.

Arca dijo...

No estoy de acuerdo. Creo que la pereza, la virtud, son relativos.
Se que hay días en la que la pereza me aleja de lo que debo hacer, pero me acerca a algo con un sentido más profundo, me aleja por ejemplo de un trabajo que es movido únicamente por motivos económicos, que convierte a las personas en números, que priva a la vida de sustancia, un simple invento humano. Pero a veces mi pereza me lleva a mirar al rededor y descubrir la belleza de lo que existe, de la vida que se abre paso a través de todas las cosas, y a poder prestar mi tiempo a la gente que me rodea, y maravillarme por las pequeñas historias y por la valentia que tienen.
Es complicado saber donde está una cosa y donde las demás, nos hemos autoimpuesto muchos parámetros que a veces son absurdos.
Un abrazo

Lety dijo...

Caminante, he venido paladeando las palabras de arriba hacia abajo y dejo mi comentario aquí, un poco escondido, con la esperanza de que para vos no lo esté tanto.

Y digo paladeando, porque su blog no tiene un contenido fácil, porque tampoco domino el Portugués pero logro leerlo y no me he perdido de los comentarios de sus lectores.

Estoy en aguas profundas, aguas que no me pertenecen por derecho propio, el que se adquiere en las Universidades, pero estoy a la vuelta de la enseñanza de lo vivido y eso abre mis entendederas

Nada es casual, es Usted quien me ha encontrado no le he buscado yo. Así es Dios, busca a su pequeña creatura, así que no me cuestiono más.

Simplemente agradezco. Le ahorraré comentarios banales, pero no me perderé de usted.

Reciba mi saludo respetuoso