Mi querido amigo:
Ayer dí un paseo largo, contemplativo, lleno de añoranza. Río arriba, remontando el cauce. Verdes, frondosas, llenas de vida las orillas. El cielo azul, azul intenso, roto de cuando en vez, por las garzas, patos, corboranes, gaviotas. Por extraño que parezca, el río admite hoy habitantes propios del mar. Volaban los patos en formación.
Surcaba las aguas una barquichuela. El murmullo del agua, rota en dos por la quilla, vestía de sonido el silencio. Y pasaban, por detrás de los arbustos de la orilla, las lejanas montañas.
Una tarde serena, de suave brisa, plácida, rebrota recuerdos de infancia y juventud. Años pasados surgen, impacientes y atropellados, en el hontanar de la memoria. Y el silencio pone música al recuerdo.
Magnífica la tarde, soberbio el paseo.
No sé porqué te digo todo esto. Quizá por que la Musa se encerró en su silencio. Y las ideas duermen en la celda interior. Pudorosas, se esconden. Temen salir a la luz. Vendrán tiempos...
Un fortísimo abrazo. También, y sobre todo, para los viejos caminantes que hace tiempo no dejan huellas en mi camino.