
Amigo mío, acabo de leer un libro. Te lo recomiendo. Es la historia de una princesa romana, de la familia Borghese. Difícil encontrar un espacio en Roma que no haga mención a la estirpe. Princesa herida de amor que al fin encuentra el Amor. Lo dice muy bien, con elegancia, con secillez, con hondura.
Un amigo suyo se suicida delante de ella en una calle romana. Tiene Alessandra dieciseis años. Comienza la búsqueda del agua viva que apague su sed de amor.
Nos dice, entre otras cosas:
"Una angustia que me mantenía continuamente en alerta y en constante movimiento, como si tuviese miedo de pararme y mirar dentro. Por fortuna -lo he comprendido después-, no jugaba yo sola. Me acompañaba, con dulzura y perseverancia, Alguien que me amaba y permaneceía expectante. Fue una lucha a veces ardua y dolorosa que, al fin, desembocó en un encuentro pleno de alegría, que continúa todavía hoy (....) También yo, como la Samaritana, recalé en el momento preciso, agotada y sedienta, junto al pozo de Sicar. También yo, como ella, tuve un encuentro decisivo y descubrí un Agua Viva con la que aplacar cada día mi sed. De esto y únicamente de esto quiero hablar: de lo que precedió a aquel momento y de lo que ha venido después. De estos ojos nuevos con los que se me ha concedido mirarme a mi misma y al mundo. Del estupor que acompañó y todavía acompaña el hallazgo del Misterio de amor que envuelve la vida, la penetra, la sostiene, y le da un significado que, desde esta tierra, llega hasta la eternidad" (Alessandra Borghese: CON OJOS NUEVOS, Madrid 2006, p. 17).
(FOTO: Caminante)