Uno de los caminos es ancho, carretero, lleno de placeres, sin dificultades. Termina en un lugar inhóspito, cargado de odio, rencor, malquerencia, envidia... Muchos lo recorren.
El otro camino es estrecho, lleno de piedras, áspero, precisado de esfuerzo. Se abre, al final, en un vergel. Allí todo es alegría, paz, sosiego, amor. Amplios y bellos horizontes. Pocos se deciden a transitarlo.
A

Y, vencida la indolencia, llegas a la cumbre, ves que sí valió la pena. El paisaje es espléndido, el silencio se corta, la luz es más nítida, el aire sin cotaminación, el agua manantial.

